Alfonso


Mozambique, un hospital y yo

No puedo decir que haya disfrutado esta experiencia.

Cuando una persona de vida cómoda se encuentra aquí, por la razón que sea que le hizo venir, descubre muchas cosas, bastante crueles. El hospital del Carmelo se resume en 20-30 personas contra el mundo. Unas pocas monjas, un grupo de sanitarios y voluntarias. Fin. ¿Cómo pueden 20 personas tirar del mundo? No pueden. Hoy faltan medicinas, mañana muere un niño, pasado alguien del personal enferma y tienes que cubrir su hueco, 8h que siempre se convierten en 9, gente que pide que le asistas aunque no corresponda al hospital darle asistencia (difícil es hacerlo con el cupo de VIH + tuberculosis), atiendes enfermedades que no conoces (medicina interna que se convierte en ginecología, dermatología, pediatría…).

Y yo no soy religioso ni soy ginecólogo ni pediatra ni estoy preparado para ver fallecer a un niño. No hablo shangana, mal-hablo portugués y no trabajo 8h completas ni en mi país. No estaba preparado para esto y no me ha gustado. Aún así pocas opciones me quedaban: marcharme y dejar aquí la poca dignidad y humanidad que me quedaran o arrimar el hombro a esas pocas personas y batallar cada afrenta una tras de otra, a hacer lo que pudiese hacer, lo mejor posible y con las armas de que aquí pudiese disponer en cada momento.

Incluso habiendo sido una experiencia non grata, aún para alguien que está a disgusto, el premio te lo dan. Igual es síndrome de Estocolmo. Son personas, humanos, que padecen enfermedades desconocidas arriba, otras banales arriba, que viven en condiciones…, y ¿quién les atiende? otras personas con poco más que ellos salvo conocimientos. Es tal patada a la conciencia, al cerebro y a la “patata” que no queda otra que ver otro paciente sonriente y chapurrear Changana. Y ver a otro paciente que no es del hospital. Y descargar cajas de medicamentos. Y buscar un medicamento debajo de las piedras.

¿Cómo veré a mis pacientes en España? ¿Cómo voy a mirar a la próxima persona en España que me plantee sus problemas “europeos”?

Lo malo es que cuando vuelva a casa con gusto recuperaré mis comodidades. No habré cambiado nada aquí, pero me llevo unas cuantas cosas en las retinas. Y durante un tiempo recuperaré la humanidad.

Gracias Mozambique. Pero no, gracias.

Alfonso Lluna

Mozambique, Chokwé, 5-XII-2014.