Franccisco Gardumi


Fui a Carmel primera vez cuando era un niño, en 2005, con mis padres. Tenía Hermana conocido Magdalena Italia y nos quedamos impresionados con el poder de su testimonio. Encontré mis primeros amigos en el centro de los niños. Él no hablaba portugués, pero podríamos entender y aún en juego. Ellos me enseñaron las primeras palabras de portugués e incluso Changana.
Volví en septiembre de 2014, con el proyecto de dar clases de música e información a los niños y jóvenes. El trabajo era duro ya veces era difícil de organizar; pero me dio la fuerza para ver la voluntad de aprender de los niños y la facilidad con que aprendió: tenía el ritmo de corazón! Después de unos días de clases que habían caminado cantando las notas o quien pasó horas jugando el teclado eléctrico para aprovechar lo más posible. Un día dejé el teclado para una juventud que practica un poco después de la clase. En las siguientes horas no le llevará de vuelta. Después del almuerzo que estaba preocupado y me fui a ver qué había pasado: él todavía estaba allí, durante cinco horas. Había aprendido solo lo que aprendí en meses cuando empecé.
El VIH, la malaria y otras enfermedades dificultan estudios sobre la juventud de manera más que en el primer mundo imaginado; sin embargo, en los días que estuve en el Carmelo se enteró de que todo sufrimiento enseña disfrutar de más ocasiones. Y siempre con alegría. Cuando yo estaba triste y cansado de ver las fatigas de cada día y las dificultades que se encontraban en el hospital en la mesa con las Hermanas siempre dio a sorir. Los problemas no dejan sin esperanza, al contrario son una llamada para dar más servicio y ayudar a uno con el otro.
Agradezco de corazón las Hermanas, los niños, los jóvenes y las personas que trabajan al servicio de los hermanos en el Carmelo a su enseñanza, su amistad y el tiempo que pasamos juntos.